Secuestros y violencia: el precio inaceptable de la indiferencia.

Por Margarita Feliciano

Nuestro país necesita, con urgencia, mayor protección y seguridad. La ciudadanía merece transitar por sus calles con libertad, dignidad y sin miedo. Es impostergable enfrentar y erradicar de raíz la delincuencia organizada y las redes criminales que actúan con una crueldad inhumana, atentando contra lo más sagrado que tiene una sociedad: sus niños, niñas y jóvenes.

Resulta inconcebible que existan personas capaces de raptar, dañar y someter a menores que, entre gritos de miedo y angustia, imploran por su libertad, mientras sus captores permanecen indiferentes al dolor ajeno. Parecen no tener conciencia, ni corazón, ni la capacidad de ponerse en el lugar de esos padres y madres que viven un sufrimiento desgarrador al no saber qué destino enfrentan sus hijos en manos insensibles y despiadadas.

Como sociedad, no podemos seguir siendo indiferentes. Es necesario abrir un debate serio y responsable sobre sanciones ejemplares para delitos tan atroces como el tráfico de personas, el tráfico de órganos y el secuestro de niños y adolescentes. Quienes cometen estos crímenes no respetan la vida, la dignidad humana ni los derechos fundamentales, y con sus acciones destruyen familias enteras y laceran profundamente el tejido social.

Este es un llamado a las autoridades y a toda la sociedad a actuar con determinación, justicia y humanidad. La protección de nuestra niñez no admite silencios, excusas ni dilaciones. Defender la vida, la seguridad y la paz de nuestras familias debe ser una prioridad nacional.

Por Margarita Feliciano
Presidenta de la Fundación FUNDACETI
Miembro de la Dirección Central y Vice Secretaria General de la Circ. 1 del DN del Partido Fuerza del Pueblo

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