Con esta acción militar, Trump acelera su caída y con ella, la del imperio norteamericano.
El arrebato de Trump en Venezuela es un boomerang. Es la precipitación de su caída como Presidente de los EEUU . Es su fosa. La fosa de EEUU como hegemón mundial está en curso desde principio del presente siglo.
Más de un analista geopolítico a la hora de hacer proyecciones para el año que se inicia, afirmó que este será un año más violento que el 2025. Y es de esperar que así sea, en vista de que la caída hegemónica norteamericana algún costo traumático debe tener, como todas las transiciones hegemónicas en la historia contemporánea.
Una percepción muy inmediata y por eso, simplista, es la que busca D.Trump, cuando habla de operación exitosa. Sin embargo lo que está ocurriendo en Venezuela estaría precipitando la caída , no del régimen venezolano, sino de la hegemonía norteamericana.
Si EEUU no está pudiendo controlar la situación en la disputa hegemónica tanto en Eurasia como en Medio Oriente, de forma explícita Trump, dio a entender que toda la carga de su fuerza orientaría hacia América Latina en su llamada “Estrategia de seguridad”.
Es eso lo que estamos viendo en el bombardeo de EEUU sobre Venezuela y el secuestro de Maduro. Pero que Maduro esté ausente en Venezuela, no significa que el régimen haya caído (por lo menos hasta ahora).
Mas lo que cabe resaltar, es que la impunidad que tuvo EEUU en el mundo y en especial en América Latina desde que es primera potencia a fines de la Segunda Guerra Mundial, en el presente, ya no es posible. La correlación de fuerzas a nivel internacional, hoy es muy diferente a aquellos tiempos.
Hay claros indicios de que Trump es consciente de que en la disputa hegemónica en el escenario de Eurasia y Medio Oriente, está perdiendo. Entonces, necesitaba tener una “victoria” en su haber. Victoria pírrica agotada en la pirotecnia de un bombardeo. Un bombardeo que no tiene ninguna justificación ni siquiera si fuera en función de la explotación del petróleo venezolano. Eso porque el propio Maduro en el contexto de la tensión provocada por EEUU. expresó que estaba dispuesto a negociar la explotación del petróleo del país del norte.
El problema es que EEUU no está ahora en condiciones de hacer una guerra de larga data como hizo en Korea, Vietnam, Afganistan y otros lugares, que dicho sea de paso, salió derrotado. Y al ser así, una turbulencia bélica en la región no tiene ningún futuro. Al contrario. Maduro puede estar capturado, pero eso para nada, significa que el régimen haya caído.
Una guerra agravaría la crítica situación económica de EEUU que deviene crisis política interna muy aguda. EEUU es el país más endeudado del mundo. Tiene una inflación galopante, un déficit fiscal y un proceso recesivo muy difícil de revertir. En contrapartida, hay un hegemon emergente en un proceso ascendente imparable que es China.
Así las cosas, los enemigos de Trump en esta crisis política interna tanto republicanos como demócratas, hoy tienen causales sobradas para desprenderse del mismo. La sola intervención bélica de la fecha en Venezuela, está quebrantando una disposición constitucional que establece que la guerra que emprenda EEUU debe tener la aprobación del Congreso. Esa sería la culminación de una serie de causales precedentes, entre las que se encuentran las muertes ocasionadas por los ataques a lanchas de pescadores en el Mar Caribe. Crímenes penados tanto por la legislación internacional, como la de EEUU.
La “política del garrote” que pretende Trump sobre A. Latina es el desesperado intento de impedir la presencia del gigante asiático en la región. Pero ya es muy tarde. China tiene enormes inversiones en mega proyectos de infraestructura en toda la región, desde el Rio Bravo hasta Tierra del Fuego. Y China, a diferencia de EEUU, hace tratos económicos y comerciales sin condicionamiento ideológico alguno. Eso le permite una inserción cada vez mayor en la región. Por eso, Brasil condena con energía el bombardeo norteamericano sobre Venezuela. Lo mismo que México y Colombia. Los demás países latinoamericanos no quieren arriesgar posición, pero lo que queda claro, es que ningún país aprueba este arrebato del gobierno norteamericano.
Todavía es muy temprano para hacer juicios concluyentes respecto a la situación en Venezuela y América Latina, pero lo que debe quedar claro, es que ya nada detiene el derrumbe hegemónico norteamericano.
REDACCION REDSOCIAL CODI

