David La Hoz: cuando la toga se convierte en un acto de honor

Por Altagracia Paulino

Hay personas que ejercen una profesión. Otras la honran. Es el caso del maestro David La Hoz, quien fue nuestro asesor legal en el Observatorio Nacional para la Protección del Consumidor (Onpeco). Fue defensor de valores y principios. Nunca se doblegó ante el brillo del dinero ni ante insinuaciones para que cambiara de parecer.

Su práctica como abogado estuvo dedicada a causas nobles. Fue asesor legal voluntario de numerosas instituciones. Lo recuerdo cuando, en 1999, se acercó a la Fundación por los Derechos del Consumidor, Fudecom,para ofrecer sus servicios. Desde entonces asumió la defensa de los consumidores, compromiso que mantuvo hasta el 15 de julio, cuando un infarto fulminante le segó la vida.

Su muerte enluta a quienes encontraron en él a un profesional íntegro. Yo quiero recordarlo desde un lugar: el de la gratitud.

Aquel día comprendí que la abogacía alcanza su mayor nobleza cuando deja de ser una técnica para convertirse en un compromiso con la justicia.

Nunca olvidaré que, tiempo después, una distinguida jueza me comentó: “Ya quisiera yo que alguien me defendiera como el doctor David La Hoz la defendió a usted frente a todo el tribunal”. Aquellas palabras reconocían su brillantez jurídica y su valentía.

En estos tiempos se condena primero y se investiga después. La reputación se convierte en blanco de intereses y pasiones. Necesitamos abogados como David, que recuerden que el derecho existe para proteger, no para intimidar. Existe para hacer prevalecer la justicia, no la conveniencia.

Confieso que nunca encontré una forma adecuada de agradecerle aquella defensa. Hay gestos que trascienden cualquier palabra. Cuando alguien sale en defensa de nuestra honra con la fuerza con que un gladiador protegía la vida de quien tenía a su lado, nace una deuda moral imposible de saldar.

Dar testimonio de que todavía existen abogados para quienes la toga representa un compromiso ético antes que un privilegio profesional es un deber sagrado para quienes, como yo, recibimos su apoyo incondicional.

Los seres humanos mueren, pero los actos de honor permanecen. Sería útil que los futuros abogados comprendieran que forman parte de la justicia y que deben reconocer el valor de la toga.

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