El autoritarismo teje con mentira su disfraz…

Por Lilliam Oviedo

Los pronunciamientos altisonantes de Abelardo de la Espriella (presidente de Colombia) y Nasry Juan Asfura (presidente de Honduras) muestran el descarado servilismo de dos gobiernos recientemente instalados en América Latina con la intervención de Donald Trump y Marco Rubio, agentes del retroceso político y patrocinadores del genocidio. Más importante aún, dejan claro que la ultraderecha global pretende dar apariencia de legitimidad y otorgar legalidad a las modernas formas de saqueo y sometimiento.

Para la fingida legitimidad utilizan el viejo recurso de retorcer la verdad utilizando como emisores a analistas retrógrados, falsos analistas vendidos y figuras del entretenimiento dedicadas a la elaboración de contenido basura. La construcción de la legalidad se encarga a politiqueros ligados a negocios turbios y casi siempre investidos como legisladores, ejecutivos, gobernadores o administradores. (El trabajo de difusión y el de ejecución no son excluyentes entre sí).

Se torna más visible en este panorama la incursión del negocio del espectáculo en el activismo politiquero.
En República Dominicana se hace evidente que la embajadora de Estados Unidos, Leah Francis Campos, sigue la orientación de Marco Rubio de utilizar `influencers`, analistas, comunicadores de diversos medios, intelectuales y activistas para contrarrestar la propaganda contraria a la ultraderecha y al gobierno de Donald Trump.
Como agente de la CIA (no se puede comprar ingenuidad para poner el prefijo ex delante de su relación con la siniestra Agencia Central de Inteligencia), Campos conoce estos manejos.

Hoy, el espectáculo politiquero sobrepasa los nada graciosos chistes de Joaquín Balaguer o la exhibición de insignias de Rafael Leónidas Trujillo, pues asimila a ciertos grupos o partidos a figuras del entretenimiento enajenante y convierte en vocingleros a su servicio a comunicadores que han pretendido ser analistas.

Hace tres siglos, Voltaire sentenció que “quien tenga el poder de hacerte creer absurdos, puede hacerte cometer injusticias”.

La afirmación del pensador francés muestra su validez cuando, en un ejercicio de sometimiento, el poder prostituye el ejercicio del periodismo y desdibuja la figura del analista colocando esa etiqueta a voceros del absurdo que cobran por defender lo indefendible y por envasar lo asqueroso en frascos con marcas de perfume.

URGE DESMONTAR MENTIRAS

La mentira general se compone de mentiras que no por específicas son menores.

En el caso de República Dominicana, la embajadora llama medios alternativos a los que no han sido declarados como pertenecientes a corporaciones de medios. Se sabe que esta característica no es suficiente, porque la pertenencia a una corporación no siempre es declarada y también porque la procedencia de los fondos con los cuales ciertos medios es reconocidamente sucia.

Una mentira con fuerte carga ideológica y marcado tinte clasista es que la expresión de los barrios populares, de los lugares donde residen las masas, son las palabras soeces.

De los barrios habitados por las mayorías puede salir cualquier forma de expresión y la aspiración de crear belleza no es exclusiva de las personas acaudaladas.

Si por apego a la libre expresión se acepta, en determinados contextos, el uso de palabras soeces, hay que anotar que los creadores de contenido basura que son acogidos y bien premiados por la Embajada de Estados Unidos en República Dominicana no solo dicen palabrotas, también expresan menosprecio por la gente pobre, exaltan la prostitución (la venta del cuerpo y de las ideas) y presentan como normales el racismo, las posiciones antiinmigrantes, el maltrato, el sexismo y la falsificación de todo.

No puede haber mayor carga de retorcimiento en la definición de lo popular. ¿Se puede llegar al colmo de situarlo en el discurso de los gobernantes ultraderechistas? ¿Se puede decir que la represión y el despojo en las gestiones de la ultraderecha nacen de las demandas populares de mano dura?
En un artículo sobre socialismo y cultura publicado en 1916, Antonio Gramsci explica su concepción socrática de la cultura. Expresa el pensador sardo: “Yo doy a la cultura este significado: ejercicio del pensamiento, adquisición de ideas generales, hábitos que deben conectar causas y efectos. Para mí todos son ya cultos, porque todos piensan, todos conectan causas y efectos. Pero lo son empíricamente, primordialmente, no orgánicamente. Por lo tanto, se tambalean, se abandonan, se ablandan o se vuelen violentos, intolerantes, rijosos, según los casos y las contingencias».
Pero no es necesario llegar a la genial definición gramsciana para observar la desconexión entre lo popular y los individuos que convierten en espectáculo la ignorancia y presentan como un lujo la obscena exhibición de bienes.

Estos individuos proceden, en muchos casos, de las entrañas del pueblo, pero son enemigos del pueblo. Es sumándose al autoritarismo como llegan a ser invitados a los salones de la embajada de Estados Unidos y obtienen la protección de los politiqueros.
Aspiran a convertirse en versiones locales de Javier Milei, de Asfura o de Abelardo de la Espriella. Buscaron el apoyo de politiqueros como Leonel Fernández, Danilo Medina, Hipólito Mejía y el presidente actual, Luis Abinader, quienes han apoyado a la telebasura y aplauden el contenido soez y alienante. El proyecto de continuidad del atraso político incluye la difusión de antivalores y el engaño.

Como muestra, hay que observar que la reciente propuesta de llevar en la boleta del desvencijado Partido Reformista Social Cristiano a un creador de contenido basura procede de un saqueador de oficio, Federico Antún Batlle.

Antún Batlle es un exponente de la ultraderecha. En el país, es dirigente del PRSC desde la época del siniestro Joaquín Balaguer y, en el plano internacional, ha sido dirigente de la Unión de Partidos de Latinoamérica (UPLA), de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), de la Internacional Demócrata Cristiana (IDC) y de otras organizaciones que reúnen a la derecha rancia.
No es casual que proteja, elogie y trate de legitimar la presencia en el escenario político de un creador de contenido basura que se ufana de haberse reunido con Donald Trump y de haber sido recibido por Leah Campos y que pregona que es necesario cometer abusos contra los inmigrantes, cosificar a las mujeres, menospreciar a los empleados y reprimir la lucha contra el retroceso político.

Otros pseudoanalistas se codean con la embajadora y buscan el favor de algunos politiqueros nacionales, buscando convertirse en `presidenciables` o hacerse merecedores de favores que incluyen patrocinio y asignación de cargos. ¿Quién les dijo que con esto se hacen representantes de las mayorías? Estafadores ya sobran.
El coro para repetir que esto es lo popular y para presentar como novedosa la prédica de antivalores y la proclamación de que constituye un orgullo ser agente de la represión, está formado por voces indignas y por plumas vendidas al mejor postor… Agrupa a los beneficiarios de la malversación de los fondos que debieron destinarse a la educación, a la salud o a la vivienda…

Los enemigos de los pueblos se disfrazan con un manto de mentiras que la toma de conciencia y la rebeldía harán jirones más temprano que tarde…

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