La desastrosa campaña de 2024
Por Melvin Mañón
Todas las formas de fraude que prevalecieron en la campaña electoral de 2024 ya estaban visibles y en expansión desde el principio porque, Luis Abinader, suplía la falta de encantos de su persona y méritos de su gestión de gobierno con dinero. Contratistas de obras, suplidores del Estado y gente de negocios entraron en una dinámica que penalizaba la desafección y requería muestras reiteradas de lealtad para conservar contratos, cobrar deudas, o recibir asignación de obras.
Luis Abinader fomentó e impulsó resueltamente el transfuguismo y estuvo comprando candidatos de los otros partidos en todos los niveles. No había candidatura demasiado lejana o municipal, diputación en lugares aislados y remotos que no mereciera su atención. Fue tan concienzuda la compra que quedó instituida como forma preferencial de hacer dinero ya que, cualquier candidatura, aunque fuera mala, no necesitaba ganar sino solamente cambiar de bando.
Profesionales, académicos, personas independientes empezaron a ser beneficiarias de pensiones sin haberlas solicitado, sin haber acumulado los años de servicio, sin tener la edad y con frecuencia sin ni siquiera saber que se había tramitado una pensión a su favor.
Los periodistas de radio, televisión y prensa escrita pasaron en masa a la nómina de las diferentes instituciones, ministerios, departamentos, direcciones etc. Otros fueron contratados con igualas cuantiosas o recibieron contratos de colocación de publicidad. El gobierno se aseguró de que ningún medio estuviera en peligro o tuviera motivo para quejarse. Contratos jugosos a cambio de nada, campañas que no hacían falta, publicidad innecesaria; en fin, todo fue hecho para garantizar que esos medios, sus dueños y periodistas estuvieran holgadamente pagados. No menos acuciosa fue la inversión en comunicadores de redes sociales, periódicos digitales y plataformas.
Todos debían divulgar noticias irrelevantes y muy especialmente ocultar cualquier denuncia inconveniente de corrupción, atropello, fracaso, etc.
El ejemplo más elocuente de complicidad del PLD y la FUPU con Abinader se produjo con la aprobación por parte de estos partidos del contrato con AERODOM negociado 7 años antes del vencimiento y extendiendo a 30 años la vigencia. Aumentaron las ventajas y exenciones a esa empresa y todo ello a expensas del país y los usuarios, pero a cambio de un desembolso inicial de 700 millones de dólares que serían entregados antes del 16 de mayo 2024 y claramente servirían para comprar partidos, candidatos, dirigentes y financiar todas las formas de fraudes porque, ya se sabía que Luis dijo: “hay que ganar como sea”.
Danilo Medina, fue forzado a postular a Gonzalo Castillo como su candidato a presidente, pero con poco éxito. La maquinaria PLD funcionaba, pero el candidato no. Por el lado de la FUPU en la candidatura de Leonel Fernández se daban cita su tasa de rechazo, numerosas, aunque viejas, quejas y reclamos, la brevedad del tiempo y la falta de una estructura nacional de tierra comparable a la del PLD.
Todo lo anterior, pero muy especialmente los acuerdos de impunidad a cambio de no hacer oposición definieron el escenario electoral de mayo 2024 con una sola excepción.
