La inflación empieza a perder el ancla
Por Daniel Toribio
El dato de junio obliga a abandonar la complacencia. El Banco Central informó una inflación mensual de 0.51 % y una tasa interanual de 5.67 %. Ya son tres meses por encima del techo del rango meta, fijado en 4 % más o menos 1 %. La inflación subyacente alcanzó 4.96 %, apenas cuatro centésimas por debajo de ese techo.
La presión tampoco estuvo concentrada en un producto. El grupo Transporte aumentó 1.14 % por los ajustes en las gasolinas, el gasoil, los boletos aéreos y los taxis. Alimentos y Bebidas no Alcohólicas subió 0.41 %, impulsado por el pollo fresco, la yuca, el agua purificada y los refrescos. Bienes y Servicios Diversos avanzó 0.85 %, mientras Restaurantes y Hoteles aumentó 0.67 %. Esos cuatro grupos explicaron cerca del 90 % de la inflación.
El Gobierno atribuye parte del resultado al aumento internacional del petróleo provocado por las tensiones en Medio Oriente. El argumento tiene fundamento, pero resulta insuficiente.
Aquí entra un concepto esencial: el ancla de inflación.
La meta del Banco Central funciona como el ancla de un barco. No impide las olas, pero evita que la embarcación sea arrastrada por cada corriente. Cuando hogares, empresas, bancos y trabajadores confían en que la inflación regresará al rango, no reaccionan aumentando precios, salarios, tasas de interés o demanda de dólares.
Eso es quedar a la deriva.
La República Dominicana no ha perdido el ancla. Pero tres meses por encima de la meta y una inflación subyacente pegada al límite constituyen una señal que no debe minimizarse. Mientras más dure la desviación, mayor será el riesgo de que la meta deje de orientar las expectativas.
Junio demuestra que la inflación ha dejado de ser una desviación pasajera. El barco está sometido a corrientes más fuertes y el ancla enfrenta una presión creciente.
Cuando la meta deja de orientar las expectativas, el problema ya no es desviarse un poco. Es comenzar a quedar a merced de la inflación.
