¿La instrumentaliza- ción del progresismo?

Manolo Pichardo

Instruyen a sus hijos en las mejores universidades mientras hacen más difícil el acceso a la educación pública y la condenan a la baja calidad. Ya no necesitan la conversión de pobres a la derecha para exhibirlos como el mejor producto terminado del capitalismo.

Arrastrar hacia el cretinismo a los jóvenes, llevarlos hacia el mundo de lo banal, de la bisutería ilusoria que representa el dinero fácil, la ausencia de escuela y la indiferencia ante los problemas sociales y económicos que afectan a nuestras sociedades, busca anularlos o ponerlos al servicio de los diseñadores de contenido que, bajo esquemas transversales, se integran a las políticas de Estado, de organismos multilaterales, de empresas de comunicación y del entretenimiento del gran capital que apuestan al individualismo desde una lógica con sello de legitimidad amparada en la tolerancia de acciones libertinas que no tienen nada que ver con la esencia colectiva del progresismo desde sus orígenes y evolución.

 

El propósito es distraerlos de los debates y los compromisos sobre los procesos de cambios sociales y económicos que tiendan a construir una sociedad con menos desigualdad, sin la concentración obscena de los bienes que se producen ni el abandono de las grandes mayorías que generan las riquezas. De ahí que los responsables de construir una subcultura de lo vulgar que suplante la formación, se empeñen en que sea noticia la autora de canciones sin mensajes que hagan honor, por su belleza, al arte que debe contener una creación musical en su melodía y lírica.

No solo The New York Times y parte de la prensa local trata a la autora de la «canción» “El desacato escolar” como todo un fenómeno artístico que debe servir de modelo «a los de abajo», sino que el negocio del deporte, a propósito de la transversalidad, aporta su cuota, pues los estadios de fútbol americano y béisbol se convierten en escenario para la promoción de la vulgaridad y las figuras que la representan;   así dan categoría de artistas a intérpretes de piezas antitéticas al arte y la estética que le entraña.  Para legitimar la creación de este fenómeno anclado en los artificios de la libertad plena, se diseña una arquitectura discursiva que rivaliza con la ciencia, la naturaleza, la propia estabilidad y salud mental de la sociedad como colectivo.

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