La política dominicana…la aburrida política, la moribunda política…

Por Juan Miguel Pérez

Asistimos a la antesala de un funeral nacional…una clase política se suicida lentamente…

Ahogada en su narcisismo, la dirigencia de la partidocracia dominicana solo sabe de flashes, pasarelas empayoladas, nepotismos y privilegios, repartiéndose la República (su república o lo que queda de ella), delante de todo el país (y de varias generaciones), así, sin ningún escrúpulo y sin mucha conciencia. No la tienen: ni la sensibilidad, ni la reflexión se dan cita en esos cerebros, más poblados de Ferragamo que de cambio social. El ego sobre el cual están anegados sus días, les impide ver su propio fin.

Una política de Punto Fijo se ha instalado en el país, pareciendo que la política tiene alternancia. Así se ha mantenido la ilusión de democracia electoral (porque de la otra, de la social, ni hablar: con la concentración de poder y el deterioro de la calidad ciudadana, sin derechos que no sean financiados como privilegios -no hay manera de encontrar evidencia alguna). Cada cuatro años, la gente no vota por una opción: vota contra la que está. Desde 1978, el país lleva cuarenta años votando contra el sistema, pero como el sistema botó la llave al mar para perpetuarse, la gente acude a las urnas para celebrar una derrota colectiva. Y los datos duros están ahí: cada gobierno nuevo que llega, privilegia a los suyos (incluyendo los del gobierno anterior). La partidocracia se blinda, y sus miembros, en el poder o no, se quieren entre sí como si fueran uno. Llevan a los hijos al mismo colegio, asisten a las mismas consultas médicas, tienen negocios entre sí, llevan el mismo tren de vida. Por eso los que están en el poder son tan celosos para que no se persigan judicialmente a los que ayer incurrieron en actos dolosos. Se protegen. Estamos desde hace décadas en la sala de espera y los números no avanzan: nadie sale ni entra del consultorio. Ni una mínima esperanza de algo nuevo. Inflados de YO, los políticos del sistema (y sus cómplices/socios empresarios) escuchan a lo lejos imaginarios aplausos antes incluso de hablar.

En Pancarta, hoy, nos preguntamos: ¿y dónde es que hay que enviar las flores?

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