Trump y la demolición del multilateralismo y del derecho internacional: imperialismo y falsa desconexión.
Por Esteban Silva Cuadra
El memorando presidencial firmado por Donald Trump el 7 de enero de 2026, mediante el cual Estados Unidos anuncia su retiro de un amplio conjunto de organismos internacionales y estructuras del sistema de Naciones Unidas, argumentando que “son contrarios a los intereses de los Estados Unidos”, constituye un acto político de alto impacto estratégico. No se trata de una medida administrativa ni presupuestaria: es una ruptura deliberada con el multilateralismo actual, expresión de la crisis y evolución del imperialismo estadounidense, caracterizada por la unilateralidad, la coerción y el desprecio por toda norma común.
Este giro confirma que Washington ha abandonado incluso la retórica del “liderazgo internacional” para optar por una lógica de abierta dominación imperial sin mediaciones, coherente con una política exterior crecientemente militarizada.
Del multilateralismo al ejercicio desnudo y directo del imperialismo
El lenguaje del memorando es elocuente. Calificar a numerosos organismos internacionales como “contrarios a los intereses de Estados Unidos” expresa una concepción imperialista y excluyente de la soberanía, en la cual cualquier espacio de gobernanza global que limite el poder estadounidense es considerado ilegítimo.
No se trata de una anomalía coyuntural, sino de la coherencia estructural del trumpismo en la redefinición del proyecto imperialista: rechazo a los acuerdos climáticos, hostilidad hacia los derechos humanos, desmantelamiento de la cooperación internacional y subordinación del derecho internacional a la lógica de la fuerza militar, combinadas con la imposición de sanciones económicas unilaterales y bloqueos.
Naciones Unidas y el Sur Global en la mira
El retiro estadounidense golpea especialmente a organismos de la ONU vinculados al desarrollo, el comercio, el clima, la igualdad de género y la planificación urbana, es decir, a aquellos espacios donde los países del Sur Global han logrado articular demandas y disputar agendas frente a las potencias del Norte global capitalista.
La salida de instancias como la UNCTAD, ONU Mujeres, la Convención Marco sobre Cambio Climático, ONU-Hábitat, la CEPAL y otros fondos y comisiones confirma un patrón inequívoco: el imperialismo se retira de los foros y espacios donde los países periféricos pueden ejercer voz colectiva y construir márgenes de autonomía.
Guerra imperial y violaciones mayores del derecho internacional
La demolición del multilateralismo va acompañada de acciones directas de guerra imperial. La primera es el apoyo estratégico, político y militar al genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino en Gaza, agresión que se extiende a Cisjordania y consolida una lógica de exterminio, ocupación colonial y limpieza étnica con plena cobertura del imperialismo estadounidense.
La segunda es el bloqueo naval en el Caribe y la agresión militar directa ocurrida el 3 de enero de 2026 contra la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela, así como el secuestro de su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, y de la primera dama Cilia Flores, trasladados como prisioneros de guerra a territorio de los Estados Unidos. Se trata de un acto de piratería internacional que viola la soberanía de Venezuela y de América Latina y el Caribe, región declarada Zona de Paz por la CELAC, y que reivindica una doctrina Monroe remozada en clave neocolonial, orientada al control estratégico del petróleo venezolano en el marco de la competencia global y estratégica de los Estados Unidos con la China Popular.
Estas operaciones no son excesos ni desvíos: son la traducción violenta de una nueva fase de la operación imperialista, que busca sustituir el derecho internacional por la fuerza directa.
Falsa desconexión imperialista versus una verdadera desconexión emancipadora
La política de Trump no debe confundirse con una “desconexión” del capitalismo global. No hay ruptura con el sistema, sino un reordenamiento coercitivo desde el imperialismo, destinado a liberarse de toda restricción normativa.
Esta falsa desconexión es lo opuesto a la propuesta del economista marxista Samir Amin, quien concibió la desconexión como una estrategia antiimperialista de soberanía, mediante la cual los países de la periferia subordinan sus relaciones externas a la construcción de proyectos emancipatorios populares y socialistas, priorizando la recuperación soberana de sus bienes comunes y los recursos naturales estratégicos, el mercado interno, nuevos procesos de reindustrialización, el comercio justo, el control y la planificación estatal y democrática, un nuevo multilateralismo orientado a la refundación del sistema de las Naciones Unidas y la cooperación Sur–Sur.
En síntesis, es la decisión desde los pueblos de un país o un bloque de países de “desconectarse” de la lógica jerárquica y destructiva del capitalismo globalizado para construir un desarrollo endógeno, que priorice a sus poblaciones y abra espacio a un sistema postcapitalista.
Conclusión
Donald Trump no se retira del sistema internacional en crisis: lo militariza. Su política combina imperialismo sin máscaras, destrucción del multilateralismo, guerra permanente y saqueo de recursos estratégicos.
Frente a esta ofensiva, la tarea histórica en este cambio de época y crisis global es adversar al imperialismo y construir una desconexión soberana, popular y antiimperialista, desde los pueblos y los países del Sur Global, capaz de disputar y reinventar el futuro de un nuevo orden mundial.
Infosurglobal.
8 de enero de 2026.

