Un país que casi no existe (4) Guerras y matanzas entre judíos y cristianos
Por Pedro Conde Sturla.
La catástrofe que representó el brutal colapso del sistema de presas y canales del reino de los sabeos dejó una huella en la historia, se registró en todo tipo de documentos y permaneció mucho tiempo en la memoria de los pueblos. Además dio origen a grandes cambios. El principal de ellos sería la decadencia de Saba y el fortalecimiento de los himyaritas, uno de los tantos reinos tribales de la montañosa región. Los himyaritas habían formado parte del reino de los sabeos y compartían los ritos paganos de su cultura y el carácter matrilineal de la sociedad.
El reino de himyar se creó alrededor año 115 a. C. y muy pronto comenzó a ganar importancia. Al igual que los sabeos, vivían de la agricultura en base a desarrolladas técnicas de irrigación y vivián del comercio. El comercio se basaba en la exportación de resina de incienso y mirra y también marfil. Era un comercio intenso. En sus puertos atracaban numerosos barcos de otros países y sus barcos visitaban frecuentemente las cercanas costas de las ciudades mercantiles de África Oriental, sobre las cuales ejercían notable influencia. Fueron, de hecho, durante largos años los principales intermediarios entre el mediterráneo y esta región del mundo. De allí provenía el marfil destinado a Roma. A través de la ruta del incienso y a través de la ruta de la seda dominaba comercialmente y militarmente extensos territorios en Arabia, pero tuvieron que construir numerosas fortificaciones para protegerse de los constantes ataques de los beduinos.
El reino de Himyar, cuya capital se llamaba Zafar, se expandiría con un ímpetu irrefrenable desde el siglo I a. C. hasta el siglo V d. C., sometiendo a su dominio a los pueblos de los alrededores. No sólo conquistó el Reino de Saba a finales del siglo III a. C., sino que también incorporó el oeste de lo que es hoy Oman y parte de la importante región de Hiyaz, que hoy está en manos de Arabia. Hasta el año 525, Himyar fue el reino dominante. En el Reino de Aksum (Eritrea y Somalia actuales) se sentía su influencia. Pero las relaciones entre ambos se complicaron y se invirtieron cuando los africanos de Aksum (que llegaron a superarlos en poder político, militar y comercial) invadieron y ocuparon Himyar.
Fue algo extraño. Los judíos constituían pequeñas comunidades en el reino, su presencia era mínima, pero los judíos y el judaísmo ejercían cierta influencia en el ámbito diplomático y comercial, que se extendía por las rutas del incienso y de las especias. Su adopción, por parte de las clases dominantes, en principio, permitía diferenciarse de las potencias expansionistas cristianas como Bizancio y el Reino de Aksum, que había sido convertido al cristianismo, así como del imperio de la Persia mazdeista. Esa marca de fábrica les permitiría teóricamente fabricarse una mayor unidad y un carácter distintivo. Pero las cosas no salieron como se pensaba.
(/revistadehistoria.es/himyar-un-reino-singular-en-la-mitica-arabia-felix/).Aksum, el gran imperio etíope, se había convertido al cristianismo en tiempos del monarca Ezana (300 dC) bajo influencia romana. Constancio II (emperador romano desde 337 a 361) quería hacer lo mismo con el rico reino de Himyar. Envía una delegación comercial y diplomática en el año 340. Encontrará el rechazo. Curiosamente será otra religión monoteísta la que adoptarán los monarcas de Himyar en los tiempos del rey Abu Karib (380 dC). Se dice que tras volver herido de una guerra en Yathrib (actual Medina, donde paganos y judíos lucharon codo con codo), fue acompañado por sabios judíos. El rey se convenció de adoptar el judaísmo. Encontró resistencias incluso entre sus hijos. Pero finalmente la religión se implantó entre la élite, y también en tribus enteras. Se establece una relación de peregrinaje entre Arabia y la región de Judea. La Zafar pagana desaparece. Se trata de un caso muy singular. En el intervalo entre el Antiguo reino de Israel y la formación del estado moderno de Israel (1948), Himyar, y a influencia suya algunas tribus etíopes (Semién, Beta Israel) y el khanato de Khazaria del Cáucaso serán los únicos estados judíos existentes durante el periodo.
Antes de centrarnos en la lucha Aksum–Himyar, cabe destacar el oscuro reinado del rey pagano Dhu Shanatir (478-490) que tras asesinar al anterior rey y no perteneciente al linaje real, subió al poder. Engañaba jóvenes, los invitaba a palacio, donde los sodomizaba y los asesinaba. Los mataba tirándolos por la ventana desde gran altura. No se sabe cuántos hombres jóvenes pudo matar, pero es reconocido como uno de los primeros asesinos en serie de la historia. Todo acabó cuando un joven príncipe, camino a ser la siguiente víctima, lo apuñaló por el ano. La cabeza de Dhu Shanatir apareció desde lo alto de la ventana del palacio. El autor, Dhu Nuwas, asumió el gobierno Himyarita.
En aquel entonces la situación había cambiado mucho. La capital había pasado a ser Saná y había crecido una gran rivalidad con el Imperio de Aksum. Los invasores etíopes habían conseguido controlar amplias zonas de Arabia, habían erigido iglesias y el cristianismo se había propagado. De hecho hacia el 500 Himyar era un estado casi títere controlado por Aksum, que les cobraba tributo. El rey Dhu Nuwas se rebeló ante el poder. Si Aksum se había alineado con Bizancio, Himyar se posicionaba en favor de Persia. Dhu Nuwas (517-525) también llamado Joseph reunió todas las tribus de Yemen con una gran fuerza de más de 12.000 hombres y derrotó a los etíopes en Zafar, Mokha y Najran. Se cometieron grandes atrocidades contra los cristianos. Especialmente en la ciudad de Najran (Arabia Saudí). Tras solo rendirse 300, los himyaritas realizaron una masacre de cristianos que resonó hasta Bizancio. Los quemaron junto a sus iglesias. Murieron unos 2000 cristianos. Ante tal ofensa el rey Kaleb de Aksum realizó una invasión con una gran fuerza. En la batalla final cerca de Saná (525 dC) aplastaron a los himyaritas y Dhu Nuwas decidió suicidarse ahogándose en el mar Rojo. Se afianzó el cristianismo bajo dominio de Aksum. Cincuenta años después, hubo una importante rebelión de un noble himyarita que llamó a la ayuda de Persia. Los persas derrotaron a Aksum en Hadramaut y Saná (570-578). Restituyeron a Sayf Ibn Dhin Yazan como rey legítimo. Los etíopes intentaron recuperarse del golpe pero fueron de nuevo derrotados por el general Varezh. La región pasaba a ser vasalla de Persia. El control será sasánida hasta la llegada del Islam (siglo VII). Las importantes comunidades judías se mantendrán hasta mediados del siglo XX. l
Nota: Hacia el final de su vida, Kaleb renunció al trono, envió su corona real a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén y se retiró a vivir como monje ermitaño. Es venerado como santo (San Elesbaán o San Caleb) por la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa.
