Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí

Por Ángel Arzuaga Reyes.

Embajador de Cuba en República Dominicana.

El cerco económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba, tras más de 60 años, ha causado daños acumulados a la población cubana que ascienden a 178,700 millones de dólares a precios corrientes.

¿Qué haría cualquier país del mundo si contara con esa cantidad de dinero? ¿Qué le pasaría a cualquier nación del tercer mundo si la bloquearan de esa manera?

Solo entre marzo de 2025 y febrero de 2026, se estiman afectaciones por 8,083 millones de dólares, una cifra récord que supera los 7,556 millones del año anterior.

Nadie en el mundo podrá decir cuando la historia juzgue —y juzgará severamente—, que no sabía, que ignoraba o que miraba a otro lugar.

Todo el planeta conoce los efectos deliberados de esta política: largas horas sin electricidad, días y semanas sin agua potable, carencia de transporte público, limitaciones para la producción de alimentos que encarecen la vida, erosión de los salarios y la depresión de los servicios de salud.

Todo esto provoca muertes que no debieron ocurrir.

La mortalidad infantil, algo sagrado en Cuba, pasó de cuatro por cada mil nacidos vivos en 2018 a 9.9 en 2025, un aumento del 148 %. Actualmente, 117,000 adultos y 1,200 niños con cáncer no tienen los tratamientos primarios adecuados; 16,000 pacientes tienen dificultades con la radioterapia, 12,400 con la quimioterapia y 3,000 con la hemodiálisis.

Asimismo, de los 395 fármacos que Cuba produce dentro de su cuadro básico de salud, 300 faltan por dificultades para acceder a materias primas e insumos farmacéuticos.

A este genocidio y castigo colectivo se suman las constantes amenazas de agresión militar por parte del presidente Trump.

Condenar el bloqueo

Será la 34.ª ocasión en que este órgano se pronuncie sobre el tema. Lo nuevo y singular es, primero, el recrudecimiento extremo del bloqueo energético y de combustible, un castigo colectivo contra todo el pueblo cubano.

El segundo aspecto novedoso es el despliegue brutal del Departamento de Estado, que ejerce presiones extremas e inéditas contra numerosos Estados miembros para obligarlos a cambiar su posición y su voto histórico de apoyo a Cuba.

La comunidad internacional mantiene desde hace décadas una posición clara y casi unánime contra el bloqueo. Muchos gobiernos conocen perfectamente estas presiones, ejercidas incluso de manera personal y desfachatada por el Secretario de Estado.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció en su conferencia de prensa varios documentos que son instrucciones del Departamento de Estado a sus embajadas. En ellos se presiona a los gobiernos a no votar a favor de la “propaganda” de Cuba, pretendiendo culpar al Gobierno cubano de los daños humanitarios.

No son daños colaterales, sino daños planeados, previstos y diseñados deliberadamente para desestabilizar el país.

Estos documentos contienen también la mentira de que el bloqueo es legal y permiten el comercio con terceros países, así como amenazas directas de sanciones a dignatarios, gobiernos, compañías o personas.

Un tercer documento calumnioso distribuido en Europa pretende utilizar como pretexto una supuesta implicación de Cuba —que desmiento categóricamente— en el conflicto en Ucrania.

Los métodos de presión a países incluyen amenazas de aranceles punitivos, suspensión de programas de cooperación, negación de visas a funcionarios y sus familiares, respaldo a fuerzas de oposición, amenazas de derrocamiento o subversión, interferencia electoral, sanciones secundarias y la expulsión violenta de compañías extranjeras —particularmente europeas— que han invertido históricamente en nuestro país. Todo esto constituye un conjunto de métodos de verdadera violencia política, coerción y chantaje.

El proyecto de discurso que se distribuye a algunos países insta a reconocer las medidas coercitivas unilaterales, pero ignora el cerco energético —que equivale a un bloqueo naval, un acto de guerra— y el bloqueo a los contenedores con alimentos, medicamentos, equipamiento médico e insumos para la hemodiálisis, detenidos por amenazas a las navieras en puertos de todo el mundo.

El verdugo culpa precisamente a la víctima.

El Departamento de Estado ha llegado al colmo de la ridiculez y la desesperación, lo que reconoce su aislamiento. Llega al extremo de pedir a países con un voto sólido y tradicional a favor de la resolución que se abstengan o abandonen la sala.

Lo que ocurre hoy contra Cuba no es un hecho bilateral: podrá ocurrir mañana contra cualquier Estado si la comunidad internacional no logra una articulación amplia, eficaz y por encima de diferencias históricas, políticas, culturales o religiosas, para restablecer el imperio del Derecho Internacional, impedir el uso de la fuerza y evitar prácticas medievales coloniales de conquista, ocupación y usurpación de recursos naturales.

Esta realidad golpea a quienes tienen un familiar que requiere hemodiálisis; a los padres que buscan con angustia un medicamento imprescindible que puede estar en uno de los más de siete mil contenedores que no llegan a la isla; a la población que sufre interrupciones del bombeo de agua; a la producción de alimentos por falta de combustibles y lubricantes; y a la industria, por la paralización de sus procesos productivos.

Para dimensionar la magnitud del daño, ocho minutos de bloqueo representan el costo anual de la educación especial para niños con discapacidades auditivas (129,500 dólares); 13 minutos equivalen a los recursos para niños con discapacidad visual (203,970 dólares); 16 minutos cubren el medicamento Nusinersen para la atrofia espinal infantil (250,000 dólares); y 46 minutos representan la importación de piezas para equipos de bombeo de agua (714,400 dólares). Tres horas financian el tratamiento de infertilidad en el exterior de 100 parejas (2.9 millones); tres días cubren la modernización del sistema bancario (65 millones); y cuatro días equivalen a la importación de todos los combustibles necesarios para la economía (78.5 millones dólares).

Es apremiante levantar el bloqueo y permitir que Cuba se desarrolle sin restricciones, ejerza su derecho a la autodeterminación y comercie sin límites.

Cuba no constituye una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos ni de ningún otro país. Cuba defiende el derecho a la paz y a su soberanía.

Agradecemos la solidaridad del heroico y hermano pueblo dominicano, así como la de sus organizaciones políticas y movimientos sociales, que nos han apoyado en esta lucha.

Las razones de esta solidaridad se encuentran en las raíces históricas y en las relaciones de hermandad que nos unen. Esperamos su apoyo en favor del voto en las Naciones Unidas.

Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí. Somos un país de paz. Queremos y merecemos la paz.

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