Palestina entre la violencia y el apartheid

Palestina Libre.

“Palestina: paz, no apartheid”. Es el título del libro de un “radical” que incluso se manifestó en Jerusalén a favor de la paz y el reconocimiento de los acuerdos entre «Israel» y Palestina. Quizá cuando esto se publique ya haya fallecido el expresidente norteamericano Jimmy Carter, autor de dicho libro. El 39 presidente de los EE.UU. se encuentra, a sus 98 años, en cuidados paliativos.

Es probablemente el presidente que más ha hecho por la paz entre judíos y palestinos con las conversaciones de paz de Camp David entre «Israel» y Egipto que puso fin en 1978 a décadas de hostilidad. Tanto el presidente de Egipto, Anwar al-Sadat como el de «Israel», Menajem Begin encontraron fuertes resistencias en el mundo árabe y en «Israel».

Al Sadat fue asesinado por sus propios militares y al mismo Carter le costó, indirectamente, la reelección. Con Bill Clinton las conversaciones continuaron con los Acuerdos de Oslo en 1993 entre «Israel» y la OLP. Isaac Rabin que protagonizó estos acuerdos por parte de «Israel «también fue asesinado por radicales judíos, y Clinton estuvo a punto de no ser reelegido por el asunto de Mónica Levinsky que destaparon los servicios secretos de «Israel». Los acuerdos de Oslo daban la gestión de Cisjordania y Gaza a la Autoridad Nacional Palestina que luego perdió gran parte su autoridad, la poca que tuvo, tras la muerte del líder de la OLP, Yasser Arafat.

El presidente Carter ha sido vilipendiado por los derechistas israelíes, incluso por parte del lobby judío estadounidense, le acusaron de antisemitismo, por reconocer a los palestinos como un pueblo con derecho a la autodeterminación. Carter vio los asentamientos judíos en Cisjordania ocupada como una violación del derecho internacional, un impedimento para la creación de un Estado palestino viable e independiente, e hizo campaña contra los asentamientos después de dejar el cargo.

En 2006 publicó un libro, «Palestina: paz, no apartheid”. En el mismo advertía que si millones de palestinos se veían privados de los mismos derechos que sus vecinos israelíes y no se impedía la expansión de asentamientos, equivaldría a un apartheid. “Es una palabra que es una descripción precisa de lo que ha estado sucediendo en Cisjordania, y se basa en el deseo o la avaricia de una minoría de israelíes por la tierra palestina. No se basa en el racismo”. “Esta es una palabra- añadió en unas declaraciones- que es una descripción muy precisa de la separación forzada dentro de Cisjordania de los israelíes de los palestinos y la dominación y opresión total de los palestinos por parte del ejército israelí dominante”. El plan de Trump condenaba, según Carter, la única solución viable a ese conflicto de larga duración: la de dos estados, recogida en los Acuerdos de Oslo.

Desde principios de año se ha instalado en «Israel» el gobierno más derechista de la historia y ha venido acompañado de un marcado aumento de la violencia. Al menos sesenta y un palestinos han muerto, y también ha habido ataques de palestinos contra dos hermanos judíos a los que mataron y contra bienes israelíes.

Escalada de enfrentamientos recíprocos y desiguales con los palestinos en Cisjordania, y la no actuación del ejército israelí que permitió que los colonos entraran en la ciudad de Huwara incendiando decenas de casas y coches de palestinos.

Observadores israelíes y palestinos señalaron el papel desempeñado por las Fuerzas de Defensa de «Israel» que dejaron hacer a los colonos israelíes. Según el Washington Post la redada fue descrita en algunos círculos israelíes y palestinos y por el grupo israelí de derechos Humanos “B’Tselem” como un pogromo, palabra castellana, de origen ruso, que significa: “masacre, aceptada y promovida por el poder, de judíos y por extensión de otros grupos étnicos”. La coalición gobernante del primer ministro Benjamín Netanyahu cuenta con el apoyo de facciones extremistas a favor de los colonos y se propone una mayor ocupación en Cisjordania de tierras palestinas, una legislación debilitando los derechos políticos de los no judíos, y el control del poder judicial que procesó y condenó a Netanyahu.

El movimiento juvenil palestino se lanza a la lucha armada a la desesperada contra el gobierno ultraderechista y su “apartheid”; a EE.UU. la financiación del estado de «Israel» le cuesta tanto como la guerra de Ucrania; e Irán no ha vuelto a firmar el tratado comprometiéndose al uso pacífico de la energía nuclear. La situación es más difícil, imprevisible e incontrolable que en Ucrania. Y no está Jimmy Carter.

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